El príncipe que quería ser gallo

Este antiguo cuento nos recuerda el valor que tiene la fórmula 3a para comunicarnos con un niño y ayudarle a aprender (acepte que el niño tome la iniciativa, adáptese para compartir la experiencia y agregue información).

Érase una vez, en un pequeño reino a muchas leguas del nuestro, un rey y una reina que compartían el palacio real con su único hijo. El joven príncipe era el centro de los cuidados de todos los habitantes del castillo, pero nada superaba el amor que le tenían sus propios padres, el rey y la reina. Ellos se desvivían porque estuviese rodeado de los maestros más sabios y los adivinos más confiables, quienes lo irían preparando para el día en que habría de ser rey.

Un día sucedió algo terrible… ¡el príncipe se quitó las vestiduras reales y comenzó a pasearse por todo el castillo aleteando y cacareando como si fuera un gallo! Se negaba a compartir la mesa con el rey y la reina y sólo aceptaba comer granos de maíz que recogía del piso. Como es de suponer, los padres del príncipe quedaron muy, pero muy preocupados. Hicieron traer los mejores médicos que había en el reino y les pidieron que hiciesen algo con urgencia por el príncipe. Los médicos del reino intentaron todo lo que su ciencia les había enseñado. Algunos ensayaron píldoras y pociones; otros, hechizos y conjuros mágicos. Pero todo fue en vano. El príncipe seguía paseándose por el castillo, aleteando con los brazos y cacareando alegremente. Ante el fracaso de los médicos, el rey y la reina estaban al borde de la desesperación.

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Charla en Taden el próximo sábado 18 de enero

Os informamos que el próximo sábado 18 de enero daremos una charla gratuita en Taden. Aquí tenéis el cartel. ¡Os esperamos!

Los 5 elementos en la música

Con el paso de los años he llegado a apreciar la increíble utilidad del sistema de los cinco elementos como herramienta de evaluación cualitativa de la expresión musical. La metáfora de los elementos nos permite descubrir los vínculos naturales que existen entre la música y el ser humano, entre el interior y el exterior. Nos ayuda a comprender cómo la expresión musical es una “huella” del músico, cómo su música es un reflejo de todo su ser. Podemos detectar conexiones entre la expresión musical y las estructuras de pensamiento, las emociones y las diferentes áreas del cuerpo (con bloqueos de energía); entre el subconsciente y la espiritualidad, y entre los hemisferios izquierdo y derecho (o lo que es lo mismo, entre el intelecto y los sentimientos o intuición). La metáfora de los cinco elementos nos permite dibujar un mapa de conexiones entre la cualidad presente en la expresión de una persona, sea ésta musical o no musical, y sus estructuras psico-energéticas. Esto nos permite comprender mejor la dimensión interior que reside en lo profundo cada ser.

Fuente: “Roots of Musicality. Music Therapy and Personal Development”. Daniel Perret

El ritmo de la vida

La vida es ritmo. El ritmo es vida. Es precisamente en nuestra etapa más inicial, una vez concebidos dentro del útero materno, cuando percibimos el primer ritmo, el que nos llega del corazón de nuestra madre. El viento que sopla y luego para. Las olas que vienen y van. Las fases lunares. El día y la noche. Las pulsos electromagnéticos que provienen de galaxias lejanas. Todo es ritmo.

Démosles a nuestros pequeños oportunidades para experimentar con el ritmo. Un set básico de percusión que puede adquirirse en cualquier tienda de instrumentos musicales es suficiente. Incluso soluciones caseras como el uso de palos de madera o unas botellas de plástico rellenas de algo de arena son más que válidas.

Enseñémosles el ritmo mediante el juego, con canciones que les gustan, cantando, bailando, golpeando primero con una mano y luego con la otra. Unas veces con más intensidad y luego con menos. Saltando con los dos pies juntos, luego con el derecho y después con el izquierdo. Improvisa. Introduce variación. Y sobre todo, disfruta. Emociónate. Ellos lo perciben. Siente. Ama.

Abrazos y Sonrisas, Música para el Autismo.

El mundo de los sonidos

Actualmente existen abundantes pruebas de que todas las células del cuerpo (cuyo número se sitúa entre 60 y 100 billones) escuchan y responden a todos los sonidos que percibimos (lo hacen incluso las del feto que todavía está dentro del útero materno). Los sonidos armoniosos y coherentes hacen que te sientas sano y vivo. Por eso, la música ha desempeñado un papel tan importante a lo largo de la historia en todas las culturas del mundo, cada una de las cuales ha desarrollado su tipo de música particular en función de las necesidades específicas planteadas por las distintas condiciones geográficas y climáticas de su región.

Pero la música no es sólo una necesidad básica desde el punto de vista cultural; también es una necesidad fisiológica. En el ámbito de la salud, se ha comprobado que la música reduce el tiempo de recuperación postoperatoria y refuerza la capacidad del paciente para luchar contra las infecciones; los pacientes, además, necesitan menos analgésicos, tranquilizantes y somníferos cuando escuchan sus melodías favoritas. Un gran número de hospitales estadounidenses ya están utilizando música con fines terapéuticos.

Fuente. “Es hora de vivir”. Andreas Moritz.

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